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Trump y la normalización con Cuba

La normalización con Cuba parece ser otra política de Obama que será deshecha por la administración entrante:

El voto del presidente electo Donald Trump de "terminar" la normalización de las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba si no puede obtener "un mejor trato" de La Habana puede dejarlo en desacuerdo con muchos en la comunidad empresarial estadounidense y en estados profundamente republicanos.

Lo que hay que recordar con la retórica del "mejor trato" de Trump es que dice esto acerca de cada negociación para crear la impresión de que no se opone absolutamente a llegar a un acuerdo, pero luego exige concesiones que la otra parte nunca va a dar. Por lo general, no hay un "mejor trato", pero Trump no puede admitirlo porque requeriría darle crédito al pueblo de Obama por hacer algo bien y porque elimina la necesidad de sus habilidades supuestamente superiores para hacer negocios. Eso termina poniéndolo en una posición no diferente a la de los rechazadores de línea dura, pero al principio crea la ilusión de que está más dispuesto a comprometerse.

Revertir la política de Obama tan pronto como comenzó sería un grave error. La apertura a Cuba apenas ha comenzado y necesita tiempo para trabajar. Ahora que Fidel Castro se ha ido, debería ser aún más fácil continuar una política de compromiso con Cuba. También tiene sentido políticamente. La normalización de las relaciones con Cuba es más ampliamente popular que otras políticas de Obama contra las cuales Trump ha hecho campaña, y hay más apoyo republicano a los cambios de Obama en la política de Cuba que en muchas de sus otras iniciativas. Trump no tiene que atender a los intransigentes en este tema a menos que lo desee. Si Trump no quiere que la política continúe, puede revertir todo lo que hizo Obama. Eso sería desafortunado para Estados Unidos, y sería aún peor para Cuba, y comenzaría la tenencia de Trump con un error sin sentido que agudizará aún más las relaciones con el resto del hemisferio.

Joshua Keating señala que revertir la apertura de Obama a Cuba tendría consecuencias para Estados Unidos en la región en general:

Las medidas de Trump también podrían tener implicaciones diplomáticas más amplias para EE. UU., Particularmente en América Latina, donde hay un apoyo público significativo para los Castro y el embargo (que se opone casi universalmente a nivel internacional) ha sido durante mucho tiempo una fuente de tensión. El presidente de izquierda de Ecuador, Rafael Correa, sugirió en octubre que si Trump fuera elegido, como George W. Bush antes que él, eso conduciría a la elección de más gobiernos de izquierda en la región. Trump ya desconfía y no le gusta allí debido a su retórica de inmigración, señala Michael Shifter, presidente de Diálogo Interamericano, y agrega que "si Trump actúa en su retórica sobre Cuba, creo que creará muchas reacciones fuertes y anti-Yanqui sensación. Y no solo a la izquierda.

Trump sería prudente continuar la apertura con Cuba en reconocimiento de que el compromiso es la mejor manera de promover los intereses estadounidenses allí. Ese compromiso no necesariamente conducirá a un rápido cambio político o incluso económico en Cuba, y un cambio político significativo puede tardar mucho en llegar. De todos modos, el compromiso continuo y creciente fortalecerá gradualmente los lazos entre nuestros países y mejorará las condiciones dentro de Cuba mientras beneficia a las empresas estadounidenses. Es un buen negocio para todos los involucrados, y no debe abandonarse por perseguir un "mejor negocio" que no existe.

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